La fisioterapia contribuye a la mejora física y anímica de los pacientes trasplantados, según el CGCFE

El número de trasplantes en España y a nivel internacional se eleva cada año, salvo en 2020, debido a la pandemia mundial. Los más habituales son los trasplantes de riñón, hígado y corazón. En el Día Nacional del Trasplante, el Consejo General de Colegios de Fisioterapeutas de España (CGCFE), recuerda el papel fundamental de la fisioterapia en los pacientes que han recibido un órgano trasplantado.

Tras una cirugía tan importante como un trasplante, el paciente tiene importantes muestras de agotamiento y dificultades para moverse, lo cual influye negativamente, además, a nivel emocional. Como profesional del movimiento, el fisioterapeuta establecerá una actividad física adecuada, puesto que el sedentarismo puede afectar al paciente trasplantado, debido a la pérdida de masa muscular, que puede complicar la recuperación.

Por ello, también es importante realizar un trabajo previo a la cirugía. La preparación del paciente, para que tenga un buen tono muscular antes del trasplante, facilitará la posterior recuperación.

Tras la cirugía, las técnicas más empleadas son las movilizaciones suaves, ejercicios activos asistidos, en los que el paciente tiene un papel activo; terapia manual, además de la aplicación de termoterapia.

No obstante, cada tipo de trasplante puede requerir tratamientos específicos. Por ejemplo, en trasplantes de pulmón y corazón, la fisioterapia respiratoria es clave para eliminar las secreciones y para que el paciente implemente una correcta dinámica respiratoria. En los trasplantes de riñón o de hígado la fisioterapia trata la fatiga muscular y el dolor musculoesquelético.

Cualquier tipo de terapia debe establecerse tras un proceso individualizado de valoración, para adaptar el tratamiento a la situación real del paciente y a su grado de tolerancia.

En conclusión, la Fisioterapia aplicada a los pacientes trasplantados tienen una doble función de preparación previa y de recuperación posterior y sus objetivos son mejorar la condición física del paciente, fomentar su independencia para afrontar las actividades de la vida cotidiana de la mejor manera posible, disminuir posibles factores de riesgo e influir positivamente en el estado anímico del paciente, disminuyendo los estados de ansiedad y mejorando su propia autoestima.

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